miércoles, 20 de julio de 2011

Vivir en Libertad.

Dios entra a los corazones y transforma las vidas cautivas, como un alfarero al barro, nos da forma hasta ser una vasija de uso. Dejemonos usar para agradar a Jesus como el asi lo quiere.

Una persona libre es aquella que decide, por si misma, qué es lo que quiere hacer, cómo lo quiere hacer y con quién lo quiere hacer dentro de unas normas sociales que determinan la convivencia de los seres humanos en esta tierra. Incluso la vida en pareja es un compartir. Un caminar al lado, no uno delante marcando el camino, y otro detrás siguiendo el sendero, ya que en este estilo de vida difícilmente puedes ver el brillo de los ojos de la persona que comparte contigo, difícilmente puedes oír lo que te susurra al oído, difícilmente puedes ver si tropieza y necesita de ti, difícilmente experimentas la alegría y satisfacción de vivir todo por dos.

Y, aunque es cierto, y nadie cuestiona que la dependencia es vital para sobrevivir, también sabemos que esto es temporal y cíclico, no permanente. Pronto, llegada a una determinada edad (o al menos es una de nuestras metas primeras), abandonamos el nido familiar y anhelamos volar por cuanta propia. Es un mensaje que desde pequeños estamos recibiendo desde los distintos ambientes: familiar, colegio, entorno, etc. y al cual pretendemos alcanzar. Para volver al ocaso de nuestra vida a necesitar de la ayuda y dependencia del otro. Pero entre tanto hemos tenido unos años para vivirlos plenamente, cada uno desde su libertad.

Debemos vivir en  libertad, si, pero atados a Cristo, quien es el que realmente nos libera.